MUNDO DE AMIGOS

Monday, October 02, 2006



Mato Grosso
RÍO NEGRO, AMAZONAS

Dávide Tonnon, el ya conocido sociólogo italo- barcelonés, envía un nuevo mensaje a MUNDO DE AMIGOS de sus vivencias con pobladores, la flora y la fauna de la Selva Amazónica en el corazón de Brasil.

RÍO NEGRO, Selva Amazónica al Norte-Oeste de Manaus. Un lugar poblado por indios, aventureros, bichos de todo tipo casi todos peligrosos o al menos molestos, incluso las picadas de las hormigas son como fuego.
“Curupira” es la divinidad-espíritu más respetado y temido de la selva. Él lo ve todo y puede mandar castigos terribles...el señor Merigo, un indio tucano, no lo ha visto nunca pero nos cuenta que lo ha escuchado cortar árboles una tarde. “Mapinguari” es un ser extraño, un espíritu que toma las apariencias de un hombre imprevisible y peligroso. Y después esta “Matín Perereca”, el silbido de la selva...y Merigo sigue contándonos de otras divinidades, de espíritus y de las comunidades indias actuales con sus idiomas en vía de desaparición: ingatú, tucano, geral... Los curas hasta los años 80 les habían prohibido hablar sus dialectos entre ellos.
Otra historia es la de los botos (delfines) que recorren el Río Negro arriba y abajo dejando entre ver su cola de vez en cuando. Si nace un niño rubio en las aldeas indias se dice que es "hijo del boto". Los botos – se cuenta – preñan a las mujeres -solo las casadas - cuando se bañan en el río menstruadas temprano la mañana. El boto no perdona...Aquí todos son pescadores: pescan piraña, tucunare, pacu, aracu, matrixa, pirarucu, en su mayoría peces con dientes tremendos...pero a los botos le temen. Cuentan también de historias de personas que han sido poseídas por ellos.
Desde el Comandante Natal, el barco de madera blanco y azul que sube la corriente del Río Negro, el espectáculo es un mar inmenso de agua, centenares de kilómetros de verde en una orilla y en la otra lejana, silencio, cielo y agua, más agua y árboles. De vez en cuando aparecen unas casitas, una iglesia, algún barco, una lancha, caras que se asoman para ver nuestro paso. Y después agua, cielo y árboles infinitos que acompañan el día y la noche junto con el ruido del motor. La gente para vivir caza y pesca, cultivan verduras y frutas en espacios reducidos porque la selva los inundada por meses.
Mama, un personaje-marinero local pintoresco, nos acompaña con su boadera al pequeño campamento de Jaime, un biólogo colombiano que investiga los comportamientos de las tortugas en la zona. El sitio está a dos horas del poblado de Barcelos, río arriba, perdido en un laberinto de canales que salen del Río Negro. Con sus ayudantes y auxiliares forman un equipo de cinco personas. En un pequeño cuadrado de tierra, con un telo de plástico como techo, amarramos nuestras hamacas a palos plantados firmemente. Dormiremos aquí esta noche.
Vamos con los biólogos en barco a mirar las redes de captura de las tortugas. El día nos esta entregando a la noche. Al final del trayecto en lancha dos pequeñas luces en el agua cerca de la orilla alumbran la oscuridad: son los ojos de un jacaré (cocodrilo) que se sumerge en seguida. Cuando bajamos de la lancha el jacaré está a solo 10 metros de nuestro sitio...Hacemos fuego y cocinamos. Consigo milagrosamente preparar unos espaguetis amazónicos con salsa de atún.

Un jaguar nos visita

A la luz del fuego siguen cuentos, leyendas sobre espíritus y animales salvajes. La onca (jaguar) - dicen - no se acerca mucho en esta temporada de aguas altas ya que le es fácil cazar los animales que se concentran en un territorio reducido. Felices de la aventura que nos hace sentir como niños y aliviados por esta noticia nos metemos en nuestras hamacas y mosquiteras, vencidos por el cansancio. Se escuchan los ruidos de la noche amazónica, estamos en un sitio que esta en el fin del mundo...Nos quedamos tranquilos pero nadie se atreve a levantarse y alejarse para mear durante toda la noche. La mañana siguiente Leandro, que dormía en la hamaca más externa, nos cuenta de haber escuchado un respiro hondo desde el lado donde no había nadie. Nos reímos de el y de la autosugestión.
Es hora de volver a Barcelos, subimos a la boadera y nos alejamos saludando a nuestros amigos. Entrañable sitio, nos hubiéramos quedado más tiempo con Jaime y su equipo. Al siguiente día los encontramos. Nos cuentan que la onca había hecho una visita al campo justo la noche anterior, se nos ponen los pelos de punta. Jaime en la noche se había despertado y reconocido su olor. Avisó a los otros silenciosamente y en la oscuridad escucharon los pasos del jaguar que rodeaba el pequeño campamento. Cuando amaneció encontraron los excrementos del animal todavía frescos, a pocos metros de donde habíamos dormido, La onca había estado mirándolos aquella noche y quizás también en las noches anteriores...

0 Comments:

Post a Comment

<< Home