
POSADA LIBRE COMO LOS ASESINOS DE CARLOS
Otro sábado 28 de abril pero de 1979, terroristas pagados por la mafia anticubana asesinaron al joven emigrado Carlos Muñiz Valera.
Accedí, entre muchas otras, a las opiniones sobre tal arbitrariedad de Raúl Álzaga Manreza, presidente de la Agencia Viajes Varadero, radicado en Puerto Rico, compañero y amigo de Carlos Muñiz Valera, asesinado el 28 de abril de 1979 por ser miembro activo de la comunidad cubana en el exterior y presidente entonces de dicha agencia turística. Muñiz Valera visitó Cuba en varias ocasiones como parte de los esfuerzos de la comunidad cubana en el exterior y el Gobierno de la Isla para hacer viables y normales las relaciones entre familiares separados por razones diversas, e irracionalmente dificultadas por la hostilidad de sucesivas administraciones estadounidenses.
Sobran razones para en esta fecha rememorar el atentado atribuido al grupo contrarrevolucionario Comando Cero de origen cubano y radicado en Miami, que difundió días después del crimen un comunicado donde expresó que “...este era el primero de los 75 traidores”. Tales asesinos continuaron libres en la Florida como hoy Posada Carriles.
Quién era Carlos Muñiz Valera
Un joven asesinado a la edad de solo 26 años que fue sacado de Cuba en febrero de 1962 con apenas nueve, en compañía de su madre y hermana. Trabajaba con vehemencia, junto al Comité Ejecutivo de la Operación Reunificación Familiar -conocido también como Comité de los 75-, por el entendimiento entre la Patria de José Martí, la comunidad cubana en el exterior, el pueblo norteamericano y el Gobierno de ese país.
Carlos vino a Cuba varias veces en gestiones de trabajo, en representación de la revista Areíto, de la Brigada Antonio Maceo, y como delegado al XI Festival de la Juventud y los Estudiantes.
Le bastaron pocos meses para propiciar el arribo a la Isla de unos tres mil 500 cubanos radicados en Puerto Rico. Esa actitud lo convirtió en enemigo “del gettho febril que vive su propia locura”, como calificara un conocido intelectual cubano a mafia basificada en Miami que contrató asesinos profesionales para darle muerte.
El atentado
Me remito a lo publicado en la prensa boricua y en BOHEMIA, “…el criminal atentado se produjo cerca de las 5:45 p.m. del sábado 28 de abril de 1979 cuando el joven, después de visitar a su madre, transitaba en su carro por la calle California de la Urbanización Mallorca, Guaynabo, en la capital puertorriqueña y (...) se le apareó un auto presumiblemente Cougart desde cuya ventanilla delantera derecha un individuo apuntando con una pistola calibre 45 efectuó una ráfaga de disparos, impactando al vehículo más de seis veces; uno de los proyectiles hirió gravemente en la frente a Muñiz Varela.
Según lo publicado “... las heridas eran tan graves que cuando llegó al hospital ya estaba clínicamente muerto.
“Todo el tiempo permaneció en cámara de oxígeno y el domingo los médicos decidieron indicarle un encefalograma para la mañana del lunes. Aunque suponían el resultado, querían tener la certeza de que ya no había más nada que hacer. Sin embargo, pasadas las cinco de la mañana se le deterioraron las funciones vitales y dejó de existir.”
Las organizaciones anticubanas Alpha 66, Movimiento Nacionalista Cubano, Movimiento Insurreccional Martiano, Brigada 2506 y Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, apoyaron públicamente el crimen.
El jueves 3 de mayo de 1979, el Miami Herald, refiriéndose a la muerte del cubano señaló: “... Podría ser el inicio de una nueva ola terrorista en el sur de la Florida si las autoridades federales norteamericanas no intervienen rápidamente”.
Pasados 28 años del siniestro crimen la justicia estadounidense, además de ciega permanece sorda ante las denuncias de familiares, amigos, organizaciones e instituciones progresistas. No han “encontrado” a uno solo de los asesinos, razón más que suficiente para insistir en la doble moral de Washington, ayer y hoy acerca de su lucha contra el terrorismo.
A Carlos Muñiz Valera y su familia hay que sumarlos a las víctimas del terrorismo contra Cuba uno de cuyos principales ejecutores es Posada Carriles. Carlos pagó con su vida la osadía de acortar diferencias y posibilitar la relación de los que viven en otra nación con las raíces de sus padres y abuelos.


